El Riesgo Kuka

Javier Milei, Toto Caputo y equipo suelen tener una respuesta fácil a mano cuando les consultan por qué la economía argentina no termina de arrancar, por qué no bajan más rápido riesgo país e inflación, por qué no mejoran actividad y empleo.

La respuesta, más allá del contexto internacional, es que la culpa de (casi) todo la tiene el Riesgo Kuka.

¿Cómo les gusta definir a los integrantes del gobierno al Riesgo Kuka? La posibilidad de que Argentina retroceda por el regreso del kirchnerismo al poder.

¿Y entonces? El argumento es: todo iría (mucho) mejor si no existiera el Riesgo Kuka.

Sabemos que política y economía van de la mano. Que no se toman decisiones económico financieras en el vacío, sino dentro de un contexto político. Esto lo saben hasta los de la Escuela Austríaca. El ESEADE, la “iglesia de los austríacos” en la Argentina, dicta una Maestría en Economía y Política. Y no solo en Economía.

¿Existe un riesgo político en la Argentina? Sí. Sin dudas. Javier Timmerman, un experto en mercado financieros que opera en USA, afirmaba en un medio argentino hace pocos días que si el año que viene ganaba el kirchnerismo los activos financieros argentinos perderían del orden del 70% de su valor.

Sin entrar a discutir si la baja sería del 70% o del 40%, lo que no se discute es que la probabilidad de acceder al ejecutivo nacional de un partido con ideas anti mercado la pagaremos (fuerte) en la valuación de acciones y bonos. Efecto pobreza a full, que le dicen.

¿Cuál sería, en mi opinión, la situación ideal para nuestro país? Que las alternativas con chances de llegar al poder en el 2027 sean todas promercado. O, por lo menos, no anti mercado.

Que hayamos incorporado como valor permanente el cuidado de las cuentas públicas. Que se mantenga el rumbo económico general de esta administración. Y que el próximo no gire 180 grados.

El tema no es Milei o Kukas. Argentina empezará a parecerse a un país normal cuando el ala izquierda de la política, con probabilidad de ganar la presidencia, admita que las cuentas públicas deben estar ordenadas y que default es mala palabra.

Que las inversiones son necesarias. Y que no se las espanta. Se las seduce. ¿Cómo? Entre otras cosas, respetando las reglas de juego.

¿Podemos aspirar a eso? Sí. Basta mirar a Uruguay, que con un gobierno socialista tiene un riesgo país de menos de 100 puntos básicos (1%), cuando nosotros últimamente oscilamos entre los 500 y los 600 puntos básicos.

El gran cambio, para bien, Argentina no lo vivirá cuando Milei siga aplicando políticas pro mercado.

El gran cambio, para bien, se producirá cuando los que se ubiquen en la acera izquierda de la política (con chances de gobernar) juren (y luego cumplan) que tendrán políticas activas en materia industrial y social y una dosis de proteccionismo, pero sin afectar el rumbo. Y que continuarán fomentando la baja del riesgo país y las inversiones. Y cuidando los números fiscales.

Hasta la próxima.

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