No le creas a los funcionarios

Esta vez arranco con un juego. Tenés que decidir cuál de las declaraciones a la prensa de un funcionario económico es más esperable:

  1. “esto es un caos; no tenemos idea acerca de cómo resolverlo”; o
  2. “esta vez vale la pena el esfuerzo; estamos cerca de un período de estabilidad, crecimiento y prosperidad como pocas veces tuvimos”

Por favor, ponete en su lugar (espero no haberte ofendido). Pensá qué es lo que querés (o necesitás transmitir). La marcha de la economía de un país depende, entre otras variables, de las expectativas. Un futuro alentador, promisorio, invita a los empresarios a invertir y a los consumidores a gastar. Un mañana poblado de nubarrones y dudas, nos lleva a todo lo contrario.

El futuro es, por definición, incierto. Dalmiro Sáenz, escritor argentina ya fallecido, lo planteaba con lucidez: “adivinar el pasado es fácil”. Nadie sabe qué pasará la semana próxima. Es habitual que los gobiernos quieran pintarnos el mañana con optimismo. No pueden hacer otra cosa.

Este posteo tiene un único objetivo: explicarte por qué no le tenés que creer a los funcionarios. Ellos deben ser optimistas, es su laburo, no lo hacen de malos; están obligados a ver siempre el medio vaso lleno. Después (¡qué lástima!), muchas veces la realidad los desmiente y nos convence que quedó medio vaso lleno después de que se tomaran ocho vasos de…. (completá a gusto).

Ah, perdón, la respuesta correcta era la b). Y, por favor, no pienses que te estoy invitando al pesimismo. Al contrario; al tener en cuenta que existen intereses detrás de quienes emiten juicios, le darás menos “bola” a esas opiniones y tendrás más tiempo. ¿En qué usarlo? Eso te lo dejo a vos.  Recordá que nuestro tiempo es un recurso escaso. Y disfrutá cada momento.

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